
El gobierno de la dictadura militar, no solo mató, robó, secuestró y apropió identidades, sino que produjo el desmantelamiento del aparato productivo nacional.
Ese modelo, basado en la desprotección de lo propio y la apertura indiscriminada, hoy vuelve a aparecer con consecuencias que ya conocemos: cae la industria, se pierde empleo y se debilitan los sectores estratégicos que sostienen al país.
El paralelismo no es abstracto, se refleja en una realidad que golpea directamente a nuestra producción nacional. La caída sostenida de la industria y el desplome en el uso de la capacidad instalada no son solo indicadores negativos; son la evidencia de un retroceso profundo en el corazón de nuestro desarrollo. Detrás de cada porcentaje hay historias reales: desde el inicio del actual gobierno, se han perdido más de 100.000 puestos de trabajo industriales, lo que significa que, cada día, 160 trabajadores y sus familias quedan en la calle. Es un ciclo de desindustrialización que ya conocemos y que hoy vuelve a poner en riesgo el motor productivo de nuestro país.
Estos no son datos aislados, sino la evidencia de un rumbo económico que vuelve a desproteger la producción nacional, repitiendo la matriz del plan que se inició en 1976. Cuando cae la industria, se afecta todo el sistema logístico; un país que no produce deja de exportar valor agregado para pasar a recibir importaciones. Estamos viendo un proceso de apertura y pérdida de empleo que ya conocemos y sabemos cómo termina. Lo que hace cinco décadas destruyó fábricas, hoy vuelve a poner en riesgo el trabajo argentino. No hay desarrollo posible sin producción nacional, sin justicia social y sin respeto por los derechos humanos.
Por eso, hoy más que nunca, sostenemos que ejercer la memoria es la única forma de evitar los horrores del pasado.
Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro.
Memoria
Verdad
Justicia.